Liberalismo

Uruguay-Frentismo en acción-El tsunami sindical

Editorial
El tsunami sindical

Quien siembra vientos recoge tempestades. Cría cuervos... que te quitarán los ojos. Aquellos polvos trajeron estos lodos. Estas tres expresiones de la sabiduría popular tienen idéntico sentido: apuntan a que la conducta equivocada, en definitiva, se vuelve contra el mismo que la protagoniza, tanto a escala individual como a escala social o nacional.

Aplicándonos al tema de la extrema conflictividad laboral, cabe recordar que en los períodos que precedieron a su asunción al gobierno de la coalición de izquierdas (2005), sus dirigentes habían decidido -y practicado- no dar ni un minuto de tregua a los gobiernos encabezados por los partidos tradicionales.

Esa declarada intransigencia tuvo su faceta agresiva y sediciosa en el levantamiento armado que enlutó la sociedad por más de una decena de años que comprendió desde la toma de la ciudad de Pando hasta el asalto de bancos, financieras y la Caja Nacional; el secuestro de personalidades nacionales y extranjeras confinadas en inhumanas "cárceles del pueblo", los atentados dinamiteros, las balaceras y el inconcebible asesinato de un simple peón rural por el "delito" de haber descubierto una tatucera tupamara... Paralelamente, en el plano sindical, la paralización del trabajo en servicios públicos y privados fue tan extensa e intensa que Rodney Arismendi, en el XXIV Congreso del PC de la URSS, pudo enorgullecerse de que "el Uruguay es el país que ha mantenido el mayor índice promedial de huelgas y de resistencias colectivas con paros generales en todo el mundo capitalista", según publicó "El Popular" en su edición del 5/IV/71.

La educación, a su vez, fue desquiciada con huelgas, violación de la laicidad, desgremializaciones de docentes desafectos, represiones, asambleas de clases, contra cursos, etc.

Ahora bien, aquella generación de estudiantes, profesores, dirigentes gremiales, obreros y políticos -posteriores a la revolución cubana de 1959- quedó marcada por Fidel Castro, por un credo que incluía la insurrección armada, la lucha contra las clases dominantes, las peticiones abusivas y el poco o ningún respeto por las instituciones democráticas vigentes.

Esa generación es la que formó a nuestros jóvenes, a través de las aulas, de su prédica cultural y su acción sindical. Por añadidura, esa misma generación, o sus hechuras, es la que ocupa hoy las principales jerarquías gobernantes. Es lógico suponer, por tanto, que todo aquello por lo que bregaron en su tiempo -y no consiguieron- es lo que los vuelve complacientes con los reclamos de quienes siguen sus pasos, al menos en teoría. Porque antes obraban como opositores y ahora, en cambio, se han dado cuenta que, como gobernantes, tienen responsabilidades que les imponen actuar con mesura y sensatez y sin anteojera. Pero el choque es inevitable: los actuales protestantes parten de la base de que los gobernantes -que fueron su modelo en la acción y en el pensamiento- tienen la obligación moral de satisfacer sus exigencias, si es que no quieren traicionar su propio pasado. De ahí este abrumador tsunami de conflictividad que paraliza y que trastorna toda nuestra escala de valores.

Pero, al mismo tiempo, reina una completa confusión. No hay rumbo en el gobierno. El mismísimo Presidente de la República es imprevisible en sus actitudes y contradictorio en sus manifestaciones. Sus ministros se desconciertan. Hay división por doquier. Incluso en las cúpulas sindicales: dentro del Pit-Cnt y entre éste y varias dirigencias gremiales. Cada uno allega agua para su propio molino y le importa muy poco la suerte del conjunto y, menos aún, la del país.

¿No se está tensando demasiado la piola- como gusta repetir Tabaré Vázquez- que, al final, puede llegar a romperse?

Obviamente, corremos el riesgo cierto de que la tradicional cultura del trabajo -que nos legaron nuestros ancestros- sea sustituida por la cultura del paro que esta última nos conduzca a situaciones de violencia y de intolerancia incompatibles con el sistema democrático. Estaríamos, lamentablemente, ante la perspectiva de un país inviable...

El País Digital

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: