Liberalismo

Uruguay-Una invalorable lección de vida-Salvador García Pintos

OPINIÓN
Una invalorable lección de vida
Las virtudes o los defectos de la persona que se evoca deben surgir del mero relato de sus logros, sus fracasos y sus vivencias
POR LINCOLN R. MAIZTEGUI CASAS
   
En Uruguay se escriben pocas biografías, lo cual es una lástima, porque evocar la peripecia vital de los que nos han antecedido en nuestras mismas luchas y preocupaciones es una forma insuperable de encontrar fuerzas para no echar todo por la borda. Reconstruir la trayectoria de una figura notable por cualquier circunstancia es un estímulo, sin duda; pero también una suerte de radiografía de la evolución (o involución) que, como sociedad, hemos tenido. Doctor Salvador García Pintos (Papapo); historias y quizás leyendas, del doctor Pablo García Pintos, es un excelente ejemplo de ello. Es obvio que cuando un hijo siente la necesidad de escribir sobre su padre, lo hará desde el amor y la admiración, y no es sensato pedirle objetividad; pero ¿quién escribe una biografía de alguien a quien previamente no admira, ama, extraña u odia? Lo que sí debe exigírsele a quien emprende esa tarea es veracidad, y, de ser posible, parquedad de adjetivos. Las virtudes o los defectos de la persona que se evoca deben surgir del mero relato de sus logros, sus fracasos y sus vivencias. Eso es, precisamente, lo que el doctor Pablo García Pintos ha conseguido plasmar en esta reconstrucción biográfica de un ciudadano –su padre– por todos los conceptos excepcional. En su múltiple dimensión de médico, político, filántropo, docente y padre de familia, el doctor Salvador García Pintos está señalando, desde un pasado bastante más reciente de lo que parece, lo que fuimos, lo que pudimos ser y lo que somos, de modo que su no demasiado larga presencia en este mundo se erige, en sí misma, como un puñetazo en la conciencia. Y no por esa excepcionalidad que anotábamos, sino precisamente por lo contrario, porque nos está gritando lo que podríamos hacer de nuestra propia vida. El doctor García Pintos no emprendió su viaje con vientos a favor: huérfano desde la niñez, criado y educado en un establecimiento religioso (los Talleres de Don Bosco), debió acomodar el velamen de su barca librado a sus propias fuerzas, que eran poderosas, sin duda, pero no mayores que las de muchos que naufragan en los avatares del huracán cotidiano. Supongo que el hombre maduro, cabeza de una familia inmejorablemente constituida, triunfador en su vida profesional, admirado y hasta venerado por muchos de sus conciudadanos, que buscaba el solaz y el cultivo de su intimidad en las largas tardes marineras de pescador improvisado (en una de las cuales halló trágicamente su destino), tendría razones para sentirse bien dentro de su humanidad; nadie le había regalado nada, ni él lo había pedido, pero había salido a flote en base a voluntad, limpieza de procederes y claridad de objetivos, asentados en sólidos valores. De la discreta exposición de esa aventura vital, surge el perfil de un hombre que logró lo que, en mayor o menor medida, está al alcance de todos y, por añadidura, el retazo histórico de una sociedad (esta misma que hoy expulsa a los jóvenes porque no es capaz de ofrecerles la posibilidad de realizarse) que aún valoraba y premiaba el espíritu de sacrificio y el talento. Que no dividía artificialmente a los hombres según su clase social, su origen o su fortuna, transformados en compartimentos autolimitativos, y que no renegaba del éxito. Si algo deja este espléndido trabajo de reconstrucción histórica es la certeza, elemental pero trascendente en los tiempos que vivimos, de que no hay mejor forma de fracasar que conformarse con lo que se tiene o, lo que es aun peor, que envidiar y tratar de apoderarse subrepticiamente de lo que otros han logrado. El doctor Salvador García Pintos fue un hombre apasionado, vehemente (le llamaban “Centellas”), a veces malicioso (“¡Ay, Angelito –le decía a un conocido que se quejaba de que su matrimonio no andaba bien, pese a que cada noche, antes de compartir el lecho nupcial, elevaba sus oraciones junto a su esposa–, me parece que no haces bien ni una cosa ni otra!”), pero que logró el control racional de sus potencias vitales y ponía diariamente su fe en el correcto despliegue de las mismas. Toda una invalorable lección de vida.
linmaica@hotmail.com

Fuente: EL OBSERVADOR, de Montevideo.

Comentarios

Estoyrealmente abochornada con los errores cibernéticos que salió el último aporte que escribí hoy sobre el Dr.S.G.P. Te pido Gerardo (nieto) que me ayudes a subsanar los errores para escribirlo de vuelta. Me considero lega en la materia y esta es la tercera o cuarta vez que escribo estos comentarios ¿Será problema de la contraseña en mayúscula o minúscula?

Cumpliendo mi promesa de seguir haciendo aportes sobre la riquísima personalidad del Dr. S.G.P., y atendiendo al pedido de Gerardo (nieto) que contara algo más sobre su "épica" campaña contra el aborto, voy a transcribir la anécdota que sobre este tema contó mi marido Dr. Carlos Rauschert Chiarino con motivo del 50o. aniversario de su fallecimiento. Dice así: "García Pintos era un polemista temible. No era tarea fácil entrar en polémica de alto nivel intelect6ual con un hombre que tenía una sólida formación filosófica, traída nada menos que de la Universidad de Lovaina, una de las más importantes de Europa a fines del siglo XIX y comienzos del s. XX, obra de la figura excepcional del Cardenal Mercier. En el año 1935 se produjo una gran discusiòn nacional en torno al aborto permitido en el Código Penal del Dr. José Irureta Goyena (todavía vigente con modificaciones) que éste había escrito en un viaje de descanso a Europa, o sea en 30 días, inspirado en el redactado por el positivista y totalitario Rocco que era un penalista italiano de la época de Mussolini. Como se sabe, el campeón de la oposición fué el Dr. S.G.P. Su formación le permitía discutir a todos los niveles, incluído el jurídico, con cualquier partidario del aborto en nuestro medio. El Dr. Irureta Goyena, co-nociendo los puntos que calzaba su contrincante, resolvió designar a su discípulo Dr. Carlos Salvagno Campos para que lo sustituyera en el litigio. La polémica se desarrolló mediante las columnas de los diarios El Día y El Bien Público. Era una època en la que se discutía cualquier cosa y apasionaban a los miles de lectores de los 11 o 12 diarios que circulaban por Montevideo. En su último artículo, Salvagno se refirió muy sobradamente a García Pintos, comparando sus argumentos con el antiguo arcabuz, cuando ya estábamos en pleno triun- fo del mauser. Salvagno era el mauser y García Pintos el arcabuz de la época de la conquista.Pe- ro en la contestación y final de la polémica, G.P. lo destrozó desde el título de su artículo: "Un moderno mauser que terminó siendo la carabina de Ambrosio".To- dos los lectores, incluídos los del diario El Día quedaron consternados. No había nada que decir. La defensa del aborto ha- bía quedado destruída y se modificó el Código Penal."

Acepto el desafío que me planteó Gerardo (nieto) pero debo ser breve. Por lo tanto y en homenaje a sus nietos tan "tocados" por lo que fue su abuelo, voy a transcribir la definición que al finalizar una reseña solicitada por la familia al cumplirse 50 años de su fallecimiento, escribió mi marido (C.R.C.) Dice así: "En brevísima síntesis: SALVADOR GARCÍA PINTOS maestro de una generación que nunca lo olvidará" De esta forma, cumplo en algo el pedido de Gerardo (nieto) pero puedo decir...continuará

Aceptando el desafío de Gerardo (nieto)

Muy bueno lo de Lincoln como todo lo que leemos de él en distintos medios (articulos , libros ) Me parece excepcional una Sra contemporánea de mi abuelo ande "navegando" y haciendo aportes en internet ! . Estaría bueno contara más de Salvador GP y su "épica campaña contra el aborto " . Es notable Salvador GP "desde el llano" (por no era diputado todavía) haya cambiado la historia del tema en el Uruguay ! Cuente más Magadalena !

Imposible describir en un espacio tan reducido, la personalidad de este hombre, a quien conocí desde niña (85) y de quien tengo recuerdos que morirán junto conmigo. Es una gran alegría que su ejemplo haya salido a la palestra, porque su vida fue una batalla que como buen gladiador supo ganarla en buena ley. Desde su triste niñez, fue forjando una personalidad que en su madurez y a través de sus obras, nos permite entrever la copiosa siembra que fue su vida: padre de familia, médico abnegado, iniciador de obras de bien común, estudioso lleno de talento, cristiano que se jugó hasta el final por sus convicciones. Su mirada, su risa, su sentido del humor, su habano atravesado en la boca, las numerosas y jugosas anécdotas a lo largo de su vida, su épica campaña en contra del aborto, emprendida en solitario, dentro de su escritorio, lleno de libros de filosofía, leyes y de todas las disciplinas que coadyuvaran con este noble fin, caraacterísticas que nos hablan por sí sólas de su extraordina ria trayectoria. Muy pocos han de ser actualmente los que lo conocieron o saben de su existencia, pero aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo de cerca, sentimos el orgullo y la suerte de haber sido sus contemporáneos.

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