Liberalismo

URUGUAY-Plebiscitos, Ley de Caducidad, Menores)-Poder popular-Por LUIS A.LACALLE

Poder popular

 

LUIS ALBERTO LACALLE

Ex presidente de la República

 

Nuestra Constitución reconoce laparticipación popular, institutos de democracia directa en varias de susdisposiciones. El art. 30 de la Carta reconoce a los habitantes de la Repúblicael derecho de petición ante cualquier autoridad. Fundamental en un sistemarepublicano, este derecho es pocas veces usado pero debe respetarse siendo lainiciativa la de quien es destinatario de la acción gubernamental, para bien opara mal.

Recientemente, durante elgobierno del Dr. Vázquez, más de 140.000 ciudadanos se dirigieron al Parlamentopidiendo que se consideraran las iniciativas de legisladores que semencionaban, por entender los firmantes que eran buenas soluciones para algunosaspectos de la seguridad ciudadana. No se les respondió, ni siquiera seconsideraron para votarlos en contra, para el Frente Amplio estos ciudadanos nomerecieron el mínimo respeto.

La iniciativa popular, de muchomayor utilización, está regulada en el art. 331 que enumera las formas dereformar nuestra Constitución.

Conviene recordar, como ungalardón de nuestra institucionalidad, que entre nosotros no hay posibilidadesde reformar la Carta fundamental sin participación popular.

Todas las reformas preceptúanuna instancia de urna, de consulta a los ciudadanos. También se regula elreferéndum como recurso contra leyes o decretos municipales.

Todas estas formas se hanutilizado, en todos los ámbitos. Recordemos como muy lejano el "plebiscitodel vintén (para los más jóvenes: moneda de dos centésimos), que rechazó ladecisión del Intendente Barbato de aumentar el precio del boleto en Montevideo.El fino instinto de Herrera le hizo intuir que el logro de esa meta podíarepresentar una grieta en la aparentemente inexpugnable muralla del batllismoen la capital.

Se logró la rebaja y el poderpopular fue abriendo paso a la quimérica victoria que llegaría en 1958.

El plebiscito del 80 queda comogalardón de todo un pueblo, victoria limpia y clara frente a la dictadura.

Luego, la larga serie deconvocatorias de la izquierda contra las iniciativas modernizadoras y avanzadascomo la ley de empresas públicas.

No solo se iba detrás de larevocación de la ley, se pretendía mostrar la capacidad del poder popular paralograr con el soberano lo que a través de sus representantes se había resueltoen forma diferente.

La confianza en el arbitrajesupremo de la gente, en la raíz popular del poder político fue hasta hace pocosdías, de aceptación general y sin excepciones. Las más claras circunstancias enque esto se confirmó fueron las dos en las que la ley de caducidad se sometióal juicio definitivo.

En 1989 la ratificación de laley por mayoría clara dijo que se había terminado una etapa. Pero para algunosel pueblo es respetable en sus decisiones solo si está de acuerdo condeterminadas posiciones, si no, se equivoca. En ese tren es que se pretendió,iniciativa popular mediante, ir por la vía oblicua de la reforma constitucionaly se propuso derogar la ley de caducidad yendo al nivel legal superior.

La gente no aceptó la chicana,no dio base suficiente al reclamo, no lo quiso, lo rechazó. Pero el pueblo noestaba de acuerdo con los frentistas y por la tanto estaba equivocado.

Primero señalaron (nadie sabe enbase a qué, ya que la Constitución es clara al respecto), que debieronsuministrarse boletas de SI y boletas de NO y que por no haber así ocurrido, lagente se manifestó condicionada. Si no los siguen se equivocan, la gransoberbia está a toda marcha.

Dicen que saben más que elpueblo, son los iluminados. De ahí al centralismo democrático queda poco… Poreso la votación en el Senado, contra el pueblo y porque ellos saben más. ¿ Y laConstitución?, no se la tiene en cuenta cuando no da la razón.

Nuevamente se opina así cuandoestá en marcha otra columna popular a la que nos hemos incorporado. Iniciadapor compatriotas colorados para lograr reglas referidas a la seguridad, novacilamos en coincidir con ellos, entre otras cosas porque actuar así ha sidouna constante de la historia nacional.

No vamos a aburrir al lectorrecordando todas y cada una de esas instancias que en nada disminuyeron nidisminuirán nuestra condición de nacionalistas. Bueno fuera que alguno nosvenga a interpelar en ese sentido. Lo que llama la atención es la furia con quese ha visto y analizado este movimiento popular por el Frente.

Parece que a la característicade que solamente si la gente vota con ellos es cuando vota bien, se agregaahora el que esgrimir un lápiz y salir a convocar, solo es popular si lo hacenellos. Se va torciendo el rumbo, votan leyes inconstitucionales, amenazan a losjueces con denuncias, cuando la gente empieza a firmar lanzan las razias,convocan a oponerse a la iniciativa pero hace años que no se animan a someter avotación parlamentaria lo que hoy la gente pide.

Nosotros estamos con el poderpopular. Para suplir al parlamento con la voluntad nacional, con la soberanía.Convencidos y, como siempre, sin media marcha.

El País Digital


Extractado de: GENERACION DEL 40

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